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Un día memorable

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Una vez, ojeando un resumen sobre mi idolatrada American Beauty , leí que la película terminaba narrando "un día memorable" en la vida del protagonista. Tan memorable, que es el día en que se lo cargan y empieza a narrar su vida desde un más allá que le da una perspectiva de inusitada belleza. El caso es que, olvidando la película, la expresión "un día memorable" me gustó mucho y quedó alojada en mi cabeza.   Hace unos días descubrí, positivamente, qué es un día memorable, un día que te cambia la vida y desde el cual empiezas a mirarla desde una óptica que no podías imaginar el día anterior. Fue el día que nació mi hijo. Sobre las diez de la lluviosa y tormentosa noche del sábado estábamos  montando en el coche de un taxista al que le dije que llevábamos a una parturienta, cosa que provocó que llegáramos al hospital en cosa de segundos. Ingresada Rocío y rodeados de horribles artefactos hospitalarios, vino toda una noche y una mañana de espera ant...

Un cuarto de siglo en Córdoba

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En unos días hará veinticinco años que vivo en Córdoba. Se dice pronto, pero un cuarto de siglo en una vida es una cifra nada desdeñable. Corría el caluroso -como no podía ser de otra forma en Córdoba- verano de 1991, Miguel Induráin acababa de ganar su primer Tour de Francia y la Unión Soviética se caía en pedazos tras el intento de golpe de estado contra Gorbachov... Empezaba a acabar el siglo XX y mientras Los Manolos versionaban en rumba el All my loving de los Beatles , y la Banda Blanca cantaba la Sopa de Caracol , los españoles esperábamos la llegada del 92 como el momento en que nos iba a convertir definitivamente en modernos y europeos. Mi madre y yo llegábamos a C ó rdoba en un borrón y cuenta nueva en la vida, en un mes de agosto al barrio de la Judería, mi barrio, aprendiendo que referirse al Patio de los Naranjos por su nombre era cosa de turistas, que eso eran "los Patios" de toda la vida, que el barrio donde empezábamos a vivir se llamaba de la ...

Diez años

Hoy hace diez años que murió mi tío Alfonso. Una década ya del tiempo que cada vez pasa más rápido... Todavía recuerdo, o me lo parece, con mucha nitidez la última vez que estuve con él: una tarde fría de domingo en Madrid. Me despedí de él, y me volvía a Cordoba, cogiendo el tren en la estación de Atocha; la luz naranja de las farolas del paseo de los Melancólicos, que veía a través de la ventana del autobús, me parecía que justificaba más que nunca el nombre del paseo. La tarde siguiente, ya de lunes, me llamó mi padre para decirme que había fallecido. A pesar de ser algo esperado, no podía entenderlo... Recuerdo a mi tío todos los días, sobre todo por las mañanas, justo antes de entrar a trabajar, y no se me olvida que estoy dónde estoy gracias a su ayuda y que nunca tendré tiempo ni palabras suficientes para agradecérselo. Doy gracias a la vida y a las circunstancias porque en parte de sus dos últimos años de vida pude vivir en casa de mis tíos y compartir con ellos ratos y tr...

Madrid, 1989

Rocío me envió la lista que publicó la Vanity Fair con las mejores 50 series de televisión españolas de toda la historia . En principio, imaginé que sería una más de esas listas subjetivas que tanto nos gusta leer en las revistas, pero al final me encontré por una parte con el convencimiento de que – generalizando – las producciones de televisión de hoy no tienen nada que ver a las de los años 80 y por otra parte con un viaje a mi infancia y juventud, y a imágenes a medio recordar y otras completamente olvidadas. Transité con nostalgia y cierto orgullo por Juncal , los gozos y las sombras , por verano azul y por muchas otras series que hicieron época, sintiendo que paseaba por mi vida infantil y adolescente, y me topé con algo de lo que nunca había oído hablar: delirios de amor,   de la que Vanity Fair decía de ella que atípica y rompedora, definía la esencia de la excesiva década de los ochenta. Me sorprendí comprobando cómo una producción de la televisión públi...

Tristana

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Hoy he vuelto a ver Tristana. Llevaba años sin verla y de nuevo he disfrutado de la película que tantas veces he visto. Y como todas esas veces me ha vuelto a sorprender. He reído con las hidalgueces y formas decadentes de Don Lope, me he extasiado con la belleza hierática de Catherine Deneuve, he sufrido con los dolores físicos y emocionales de Tristana, asustándome con su transformación. Me he compadecido de los enamoramientos inútiles de don Lope y Horacio, he vuelto a sentir fascinación con escenas y diálogos como la entrada en escena de Fernando Rey, piropeando a una guapa toledana como si fuera un galán de zarzuela, o la de los adolescentes mirones y tocones en la torre de la catedral, en una secuencia de un morbo pocas veces superado en el cine. Me ha entrado hambre saboreando las migas de campanero, el cocido que prepara Saturna, y con el chocolate acompañado de dulces que don Lope toma conversando con los curas que presienten que le queda poca vida. Y sobre todo ...

Álvaro

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Esta mañana nos hemos despedido de Álvaro. Era una mañana fría y muy ventosa, muy desapacible. En Córdoba, sus amigos y sus hermanos han invocado a Bach y, luego, mientras le acompañábamos y entrábamos en el silencio del cementerio de Bujalance, Rafa ha cogido su trombón y ha tocado when the saints go marching in ... Una metáfora perfecta de eso a dónde no llegan las palabras para expresar lo que se siente, y una forma inmejorable de despedirse de Álvaro. Cómo a él le hubiera gustado. Porque Álvaro era pura Música, cualquiera que lo hubiera escuchado tocar una nota lo sabía. No estaba claro dónde empezaba el cello y donde estaba él. Lo que sí era cierto era dónde estaba la Música: dentro del mismo lugar dónde le resonaban las notas, cerca del corazón enorme que tenía para todos. Es tarea inútil hablar del músico y de la persona... Quien tuvo la fortuna de escuchar al músico y tratar a la persona lo sabe... Una noche de septiembre de 1997 en Madrid, en esa época ...

Don Francisco Fernández Hidalgo

A lo largo de mi vida he conocido personas especiales, personas que aprecio, personas que me producen una profunda indiferencia, personas que admiro, y otras que admiro, incluso con pasión. Es el caso de don Francisco, fallecido el pasado día 6 de mayo. Admiración por mi profesor de Música en el instituto, que me dio enseñanzas importantes, entre otras, una que considero algo muy importante en mi vida: el amor por la Música. Y admiración con pasión por el maestro que portaba valores tales como el respeto y la ayuda a los demás, sentimiento que nació el día que le conocí, mi primer día de instituto, cuando siendo yo para él un alumno más de los miles que habría tenido en su carrera, se portó conmigo como un padre y un amigo. Ya jubilado, mantuve la relación con él gracias a mi amistad con su hijo Chiqui, y en más de una ocasión me pidió que dejara de llamarle de usted y don Francisco, para pasar a tutearle y llamarle Paco, cosa que nunca hice porque me seguía imponiendo como pr...