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Diez años

Hoy hace diez años que murió mi tío Alfonso. Una década ya del tiempo que cada vez pasa más rápido... Todavía recuerdo, o me lo parece, con mucha nitidez la última vez que estuve con él: una tarde fría de domingo en Madrid. Me despedí de él, y me volvía a Cordoba, cogiendo el tren en la estación de Atocha; la luz naranja de las farolas del paseo de los Melancólicos, que veía a través de la ventana del autobús, me parecía que justificaba más que nunca el nombre del paseo. La tarde siguiente, ya de lunes, me llamó mi padre para decirme que había fallecido. A pesar de ser algo esperado, no podía entenderlo... Recuerdo a mi tío todos los días, sobre todo por las mañanas, justo antes de entrar a trabajar, y no se me olvida que estoy dónde estoy gracias a su ayuda y que nunca tendré tiempo ni palabras suficientes para agradecérselo. Doy gracias a la vida y a las circunstancias porque en parte de sus dos últimos años de vida pude vivir en casa de mis tíos y compartir con ellos ratos y tr...

Madrid, 1989

Rocío me envió la lista que publicó la Vanity Fair con las mejores 50 series de televisión españolas de toda la historia . En principio, imaginé que sería una más de esas listas subjetivas que tanto nos gusta leer en las revistas, pero al final me encontré por una parte con el convencimiento de que – generalizando – las producciones de televisión de hoy no tienen nada que ver a las de los años 80 y por otra parte con un viaje a mi infancia y juventud, y a imágenes a medio recordar y otras completamente olvidadas. Transité con nostalgia y cierto orgullo por Juncal , los gozos y las sombras , por verano azul y por muchas otras series que hicieron época, sintiendo que paseaba por mi vida infantil y adolescente, y me topé con algo de lo que nunca había oído hablar: delirios de amor,   de la que Vanity Fair decía de ella que atípica y rompedora, definía la esencia de la excesiva década de los ochenta. Me sorprendí comprobando cómo una producción de la televisión públi...

Tristana

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Hoy he vuelto a ver Tristana. Llevaba años sin verla y de nuevo he disfrutado de la película que tantas veces he visto. Y como todas esas veces me ha vuelto a sorprender. He reído con las hidalgueces y formas decadentes de Don Lope, me he extasiado con la belleza hierática de Catherine Deneuve, he sufrido con los dolores físicos y emocionales de Tristana, asustándome con su transformación. Me he compadecido de los enamoramientos inútiles de don Lope y Horacio, he vuelto a sentir fascinación con escenas y diálogos como la entrada en escena de Fernando Rey, piropeando a una guapa toledana como si fuera un galán de zarzuela, o la de los adolescentes mirones y tocones en la torre de la catedral, en una secuencia de un morbo pocas veces superado en el cine. Me ha entrado hambre saboreando las migas de campanero, el cocido que prepara Saturna, y con el chocolate acompañado de dulces que don Lope toma conversando con los curas que presienten que le queda poca vida. Y sobre todo ...

Álvaro

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Esta mañana nos hemos despedido de Álvaro. Era una mañana fría y muy ventosa, muy desapacible. En Córdoba, sus amigos y sus hermanos han invocado a Bach y, luego, mientras le acompañábamos y entrábamos en el silencio del cementerio de Bujalance, Rafa ha cogido su trombón y ha tocado when the saints go marching in ... Una metáfora perfecta de eso a dónde no llegan las palabras para expresar lo que se siente, y una forma inmejorable de despedirse de Álvaro. Cómo a él le hubiera gustado. Porque Álvaro era pura Música, cualquiera que lo hubiera escuchado tocar una nota lo sabía. No estaba claro dónde empezaba el cello y donde estaba él. Lo que sí era cierto era dónde estaba la Música: dentro del mismo lugar dónde le resonaban las notas, cerca del corazón enorme que tenía para todos. Es tarea inútil hablar del músico y de la persona... Quien tuvo la fortuna de escuchar al músico y tratar a la persona lo sabe... Una noche de septiembre de 1997 en Madrid, en esa época ...

Don Francisco Fernández Hidalgo

A lo largo de mi vida he conocido personas especiales, personas que aprecio, personas que me producen una profunda indiferencia, personas que admiro, y otras que admiro, incluso con pasión. Es el caso de don Francisco, fallecido el pasado día 6 de mayo. Admiración por mi profesor de Música en el instituto, que me dio enseñanzas importantes, entre otras, una que considero algo muy importante en mi vida: el amor por la Música. Y admiración con pasión por el maestro que portaba valores tales como el respeto y la ayuda a los demás, sentimiento que nació el día que le conocí, mi primer día de instituto, cuando siendo yo para él un alumno más de los miles que habría tenido en su carrera, se portó conmigo como un padre y un amigo. Ya jubilado, mantuve la relación con él gracias a mi amistad con su hijo Chiqui, y en más de una ocasión me pidió que dejara de llamarle de usted y don Francisco, para pasar a tutearle y llamarle Paco, cosa que nunca hice porque me seguía imponiendo como pr...

Nostalgia en Madrid

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Se dice que el cambio es lo único que no cambia en la vida, y que la resistencia al cambio, aunque muy humana, es un lastre para el progreso. Aun así, comprobar el cambio en algo que se siente como propio, es el primer paso hacia el reconocimiento de haber perdido algo, y por ende a la nostalgia. El pasado fin de semana estuve en mi ciudad, Madrid, y con poco tiempo pude pasearla reflexivamente. El viernes por la noche en un corto paseo familiar, subiendo la calle Segovia con la fría luz naranja de las farolas, pasando bajo el viaducto y entrando al caserío antiguo de Madrid por San Pedro el Viejo y la plaza de la Paja, y el sábado por la mañana por la calle Atocha y Lavapiés, observando el desperezar del mercado de la calle Santa Isabel entre rumores y olores de mercado matinal, y un poco más tarde la ciudad menos oculta y más urbanita de la Gran Vía, Chamberí y los bulevares. El resultado de tanto paseo reflexivo fue comprobar con cierta pesadumbre que Madrid, al igual qu...

Nochebuena, tarde en los Pedroches

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Un viento desagradable, y un cielo amenazante de lluvia presiden la tarde de Nochebuena. No hace especialmente mucho frío, pero ese desagradable viento nos hace percibir la tarde como mucho más fría de lo que es en realidad. Vamos a disfrutar de un paseo natural y literario, una vez más, por el valle de los Pedroches, esta vez en una soledad casi absoluta, en una tarde desapacible y extraña en la que poca gente sale al exterior. Salimos de El Viso, rodeamos Dos Torres, y por la carretera nos azota el viento. Hay un violento contraste entre el pajizo de la tierra pelada de un otoño sin agua y un gris oscuro de cielo a punto de estallar. Encinas, ovejas, cerdos… el suelo ahora también gris, el del batolito sobre el que se asienta nuestra comarca. Llegamos a Pedroche “la imposible capital de tan misteriosa comarca”, como la llamó Juan Benet, recortándose en el cielo con tan poderosa torre. Carretera. Hacia el norte de los Pedroches Avanzamos hacia el norte, con el puer...