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Don Francisco Fernández Hidalgo

A lo largo de mi vida he conocido personas especiales, personas que aprecio, personas que me producen una profunda indiferencia, personas que admiro, y otras que admiro, incluso con pasión. Es el caso de don Francisco, fallecido el pasado día 6 de mayo. Admiración por mi profesor de Música en el instituto, que me dio enseñanzas importantes, entre otras, una que considero algo muy importante en mi vida: el amor por la Música. Y admiración con pasión por el maestro que portaba valores tales como el respeto y la ayuda a los demás, sentimiento que nació el día que le conocí, mi primer día de instituto, cuando siendo yo para él un alumno más de los miles que habría tenido en su carrera, se portó conmigo como un padre y un amigo. Ya jubilado, mantuve la relación con él gracias a mi amistad con su hijo Chiqui, y en más de una ocasión me pidió que dejara de llamarle de usted y don Francisco, para pasar a tutearle y llamarle Paco, cosa que nunca hice porque me seguía imponiendo como pr...

Nostalgia en Madrid

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Se dice que el cambio es lo único que no cambia en la vida, y que la resistencia al cambio, aunque muy humana, es un lastre para el progreso. Aun así, comprobar el cambio en algo que se siente como propio, es el primer paso hacia el reconocimiento de haber perdido algo, y por ende a la nostalgia. El pasado fin de semana estuve en mi ciudad, Madrid, y con poco tiempo pude pasearla reflexivamente. El viernes por la noche en un corto paseo familiar, subiendo la calle Segovia con la fría luz naranja de las farolas, pasando bajo el viaducto y entrando al caserío antiguo de Madrid por San Pedro el Viejo y la plaza de la Paja, y el sábado por la mañana por la calle Atocha y Lavapiés, observando el desperezar del mercado de la calle Santa Isabel entre rumores y olores de mercado matinal, y un poco más tarde la ciudad menos oculta y más urbanita de la Gran Vía, Chamberí y los bulevares. El resultado de tanto paseo reflexivo fue comprobar con cierta pesadumbre que Madrid, al igual qu...

Nochebuena, tarde en los Pedroches

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Un viento desagradable, y un cielo amenazante de lluvia presiden la tarde de Nochebuena. No hace especialmente mucho frío, pero ese desagradable viento nos hace percibir la tarde como mucho más fría de lo que es en realidad. Vamos a disfrutar de un paseo natural y literario, una vez más, por el valle de los Pedroches, esta vez en una soledad casi absoluta, en una tarde desapacible y extraña en la que poca gente sale al exterior. Salimos de El Viso, rodeamos Dos Torres, y por la carretera nos azota el viento. Hay un violento contraste entre el pajizo de la tierra pelada de un otoño sin agua y un gris oscuro de cielo a punto de estallar. Encinas, ovejas, cerdos… el suelo ahora también gris, el del batolito sobre el que se asienta nuestra comarca. Llegamos a Pedroche “la imposible capital de tan misteriosa comarca”, como la llamó Juan Benet, recortándose en el cielo con tan poderosa torre. Carretera. Hacia el norte de los Pedroches Avanzamos hacia el norte, con el puer...

Cádiz, escandalosamente bonita

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Fue justo al regreso de un viaje a Cádiz , un puente de octubre, cuando leí en la prensa la descripción que Manuel de Solà-Morales, el arquitecto y urbanista que abrió Barcelona al mar en los ochenta, daba de su ciudad preferida: "Cádiz es muy excepcional, por su tamaño, por ese equilibrio que tiene en medio de un cierto desorden volumétrico, por esa situación geográfica escandalosamente bonita entre el mar abierto y el puerto, por la luz... No sé, Cádiz es una tacita de plata, pero es mucho más..." Jamás había leído una descripción a la vez técnica y tan bella de Cádiz, mi ciudad total . Y confirmaba, leyéndola maravillado, que los enamorados de Cádiz son, somos, legión. Sería estúpido y estéril buscar el por qué del enamoramiento de Cádiz, simplemente “es mucho más”. Me vuelve loco en verano, en otoño, de día, de noche, naciendo o muriendo el sol, lloviendo, soplando poniente o levante…Es la ciudad en la que el tópico se hace a la vez verdad y algo muy po...

Cementerio de Passy

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Junto a uno de los lugares más turísticos de París, la place du Trocadéro, desde donde se obtiene una de las vistas más célebres y universales de la Torre Eiffel, encontramos el umbrío y recoleto Cementerio de Passy, que toma el nombre del barrio -antiguo pueblo- en el que se encuentra, hoy dentro del decimosexto arrondissement de París. En nuestra visita a París, tras las múltiples fotos de la torre Eiffel, en esa poco original pero bellísima vista junto al palais de Chaillot, encontramos fácilmente las tapias que separan el cementerio de la place du Trocadéro, decoradas con motivos alusivos a los caídos en la Primera Guerra Mundial.   Entramos y nos sorprende gratamente un montoncito de planos para que el turista encuentre fácilmente las tumbas de los personajes allí sepultados (Manet, Fernandel, Gabriel Fauré, Berthe Morisot…). Extraño remanso de silencio lejano trufado de castaños, nuestros ojos de turista español miran con extrañeza las formas tan cinematográficamente...